Directoras de Museo Marta Colvin y Museo Violeta Parra se encuentran en el Día Internacional de los Museos

Katerin Henríquez, encargada del museo que homenajea a la escultora chilena, hizo un detallado repaso por la carrera, técnica y fuentes de inspiración de la artista. Además, se abordó la relación existente entre la obra de mujeres como Marta Colvin y Violeta Parra, y la naturaleza.

El pasado martes 18 de mayo, en el Día Internacional de los Museos, tuvo lugar un nuevo encuentro convocado por el proyecto Museo Mujer, plataforma lanzada desde el Museo Violeta Parra para relevar la labor de instituciones que destacan el legado de mujeres excepcionales. En esta oportunidad, el diálogo convocó a las directoras del Museo Marta Colvin, Katerin Henríquez, y del Museo Violeta Parra, Cecilia García-Huidobro.

La charla tuvo especial pertinencia, al realizarse en una fecha que busca concientizar a las personas sobre la relevancia de los museos para el intercambio cultural. En ese marco, García-Huidobro aprovechó para destacar “el rol que cumplen los museos en el mundo como espacios de memoria, lugares de aprendizaje, polos educativos de investigación y sobre todo como espacios de encuentro comunitario que nos otorgan un sentido de pertenencia”.

A continuación, Katerin Henríquez abordó los inicios de la carrera de la escultora chilena Marta Colvin, a la que homenajea el museo homónimo que está a cargo de la Dirección de Extensión de la Universidad del Biobío. El museo está ubicado en el Campus Fernando May en Chillán, en la que fue la antigua casa de la escultora y sus zonas aledañas. Contempla un Patio de las Esculturas donde también se exponen sus obras.

Henríquez habló de las azarosas casualidades que llevaron a Colvin a involucrarse con la escultura  –la artista era de formación arquitecta –, así como sus posteriores estudios en Chile y Francia. Llegó a entablar una cercana relación con el reconocido escultor británico Henry Moore, quien la acercó a la influencia precolombina. Ganó, en 1965, el Primer Premio de Escultura en la Bienal de Sao Paulo, y luego, en 1970, el Premio Nacional de Artes chileno.

Una de las características esenciales del trabajo de Marta Colvin es el vínculo con la naturaleza, con especial atención al uso de materiales que evocan esa conexión. “Ella iba humanizando esta materialidad que estaba presente en la naturaleza. Es un sentido artístico romántico de la relación del humano y la naturaleza (…). Esto marca todo el desarrollo de su obra, siendo la primera arquitecta que desarrolla el arte abstracto que ella denominó ‘germinal’”, explica Henríquez.

La artista tenía, además, una conexión especial con la figura de la Cordillera de Los Andes, a la que consideraba su “musa”. Encontró en ella no sólo inspiración para sus obras, sino incluso materiales que utilizó en su trabajo, como el granito de Los Andes.

La directora del Museo Violeta Parra aprovechó este punto para relacionar la experiencia de Colvin con la de otras artistas mujeres chilenas: “Su arte era totalmente vinculado a la naturaleza. Había una conexión con la tierra y lo originario, con el Chile profundo, como Violeta (Parra) y Gabriela (Mistral). Es notable cómo se empapa de cultura precolombina y la incorpora en su obra.”

También se abordó la técnica y metodología de la escultora. “Ella, más que una artista, era una arquitecta. Era sumamente metódica con su trabajo. Tenía un proceso creativo bastante complejo y estructurado. Hacía bocetos de diferente tipo. Analizaba muy bien el lugar donde iba a ser emplazada la obra, hasta llegar a un boceto acabado. Luego ejecutaba diferentes maquetas, con diferentes materialidades. Iba probando, experimentando, pero todo con un proceso bien claro”, dijo la encargada del museo en Chillán.

Por último, Henríquez habló de las actuales iniciativas que están implementando desde la institución y la universidad para llegar a los estudiantes. Actualmente, se encuentran desarrollando un plan de formación que buscaría ser la “chispa inicial” para que las personas se involucren más con el arte de la escultura y el modelado. Cabe destacar que este museo permite a sus visitantes tocar las obras expuestas, ya que se entiende que la artista veía la materialidad como parte fundamental de la experiencia de la audiencia con su trabajo.

La directora del Museo Violeta Parra, Cecilia García-Huidobro, concluyó la actividad haciendo un reconocimiento a Marta Colvin, a quien describió como “una mujer excepcional que nos tiene que hacer sentir muy orgullosos de contar con ella como artista y con un museo que la recuerda y alberga su memoria”.

Crédito de la imagen de Marta Colvin: Ladrón de Guevara, Luis. Marta Colvin en su estudio junto a una maqueta de un monumento para el cementerio general, c. 1952. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile.